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ZarAGOTA

Crónicas de ZarAGOTA: De Peret a Santiago Auserón, la música de España

           Lo primero recomendar desde aquí el nuevo proyecto de David Tabueña, Mi pequeña Radio (acá tres temas en demo sin posibilidad de descargarse por ahora: http://www.myspace.com/mipradio ). David es un talento compositivo que lideró LESS. Eran de Huesca y, aparte de maquetas y dos singles, grabaron un LP delicioso, Poesías Incompletas Vol I, producido por el ex – La Dama se Esconde Nacho Goberna. Ahora produce e interpreta en solitario. Seguidle la pista al muchacho.         

Y seguimos hacia delante… mucha música esta semana, mucha música y muchos kilómetros recorridos: el martes nos fuimos el trío calavera Pelvet (rumbero de corazón y actitud, atento a la presentación de su nuevo material en el foro de la FNAC en Septiembre), Simón Salmón (ideólogo de Confesiones de Margot y groover-support constant presencia) y yo mismo, en metamorfosis al Vengador Dorado –máscara de lucha libre regalo de Amaya y Sergio incluida- a Barcelona, al Auditorio, a ver la vuelta de Peret al escenario en un concierto completo y con banda. 50 años de rumba, ni más ni menos. 

         Nos hicimos 32 horas de rumbeo y palmas ininterrumpidas en la furgoneta de Pelvet, con un único cd de Peret –y alguna del gran Ramonet, así, escondidas, en complot- que se iba repitiendo y una parada extraña en el Prat para reparaciones de la nave nodriza. Caminamos por las Ramblas, como en las canciones de Radio Futura y Pastora, miramos a las chicas pasar y, si nos escapa algún detalle, nos parábamos a mirar a las chicas pasar. Nos comimos un codillo y un arroz negro acompañados por el líder del independentismo catalán en el único restaurante con nombre en español de toda la zona – debe ser que al señor Carod con la buena pitanza se le altera ese corazoncito de charneguete que tiene- y un gintónic sosegado en un patio clásico en las visitas margot a barna, justo en la parte de atrás de la Catedral. Reposando, haciendo acopio para las horas venideras, tratando de introducirnos en la mente del maestro, del rey de la rumba catalana, guiados por la empatía  que Pelvet, nuestro Pelvet, ha conseguido desarrollar hacia él. Todos los periódicos lo nombraban, todos…    

      Lo único que nos preocupaba realmente cuando degustábamos una de esas cervezas de alta gradación que se fabrican en la Damm era si el sitio, el Auditorio de Barcelona, se iba a llenar del todo. Más bien era a Pelvet a quien la cosa le inquietaba, después de unos meses de seguimiento en la evolución de compra de las entradas para el acontecimiento. Bebíamos cerveza y mirábamos la Sagrada Familia, lo humano y lo divino mezclados y ligeramente agitados. 

         Por fin y tras unas sabrosas butifarras con pan y tomate nos plantamos en el lugar del concierto. Nos hicieron apagar los móviles e ir al baño antes, para no dar mal durante el recital. Simón y yo obedecimos. Mis dos compañeros se colocaron en la primera fila: asiento uno y dos ni más ni menos. Yo, más prudente, en la última fila del patio de butacas. Lentamente, sin pausa, las sillas fueron llenándose. Era ambiente de reencuentro, de la gente buscando las referencias, los recuerdos de toda la vida.

           Se apagaron las luces y apareció Peret. De negro riguroso, mayor y maduro, con el andar cansado del que lo ha recorrido todo y ha cantado miles de canciones clavadas para siempre en el sentir popular de todos los españoles y de la gente de otros países que le escucharon y disfrutaron durante cincuenta años. Guitarra española y una silla. Nada más. Tocó Lola, la primera rumba, rasgó cuerda y guitarras antes de invitar a Ramonet y al Tío Toni –sus palmeros de toda la vida- para interpretar El mig amic, El Muerto Vivo y reír un rato. Los palmeros andaban un poco fuera de ritmo, quizá- como apuntó Salmón- tenían un cierto problema de sordera. Mucha más actitud que capacidad percusiva. Peret se da cuenta y los manda enseguida al vestuario. Ramonet delirante, dedos arriba, señal de victoria –un poco Ruiz Mateos de”tepegoleches”- para dejar paso a la banda: teclados, bajo, cuatro coristas cubanas, una gitana, dos guitarras, dos percusiones y una batería, en una media luna con el maestro en el medio. El primer tema sonó con una energía digna de cualquier espectáculo de músicas del mundo de primera fila. Las tocó todas, las de toda la vida y las del disco nuevo –un puntazo este LP, Que levante el dedo, que ha publicado este año- con un Xavi que sonó como si los Stone Roses se hubieran dado un paseito por la Barcelona de los setenta. Canciones y emocionantes que alimentan el imaginario colectivo. Y más, los invitados: auténticos los Chunguitos, ligeramente alterados por los efluvios de las largas noches pasadas, cantando “me quedo contigo”, pero muy devotos a su propio dios, eso sí. El Payo Juan Manuel, un poco demasiado Spanish Bizarro, pero con clásicos del folkpsicorumba como “Un viejo y una vieja van pa Albacete…” y sí, sí, yo en la última fila… unas pedrerías, unos colores en la tela del traje, buff, con una pequeña gogo stripper o algo de eso para el deleite del personal… en fin, que uno se cree que es imposible superarlo… la noche del hawaiano (y esos versos que borda el maestro Pelvet: …que yo tengo pistola) y de pronto, el último invitado de la noche: Manolo Escobar. Un poco acartonado, tupé perfectamente colocado, cincuenta años de éxitos os contemplan. El hombre que cantó con Gabinete Caligari y el Koala estaba in da house. Allí los dos maestros dándolo todo con el porrompompero. En fin, nos retiramos canturreando aquello de Barcelona tiene color camino de alguna taberna que nos diera de beber.

Nota de noctámbulo: sin Miqui Puig en forma la noche en bcn ha perdido mucho punch, la verdad. Sólo un sitio de esos irlandeses con camareras francesas –que no eran fans de Johny Hallyday ni nada- y poco más. Así no hay manera de ejercer la noche, como la ex de Pakirrín. Let´s rock 

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2 comentarios

DunksNike -

Every day is blue day. If you encounter a setback, please look up to the sky, if only the sky is blue, you don't lose the hope.
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Enrique -

Ha muerto Paco Umbral. Sólo queda el silencio.
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