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ZarAGOTA

Crónicas de ZarAGOTA: Qué grandes De Vito

La semana pasada estas crónicas se ausentaron de sus pantallas. Quizá las extrañaron o quizá no...quién sabe. Las razones fueron varias, aunque sin lugar a dudas la más importante fue que el que les escribe prácticamente no salió de casa –miento, estuvo en la inauguración de una exposición de pintura de Clara Carnicer en la Rebollo y pinchando en el Candy Warhol, pero la mayor parte del tiempo se consumió en casa escribiendo y en el laburo trabajando. Me resarcí la pasada, también se lo tengo que comentar, claro.   

               El martes 12 nos volvimos a juntar la gente de Confesiones de Margot para cenar y con el firme propósito de repetir cada día 12 de manera regular los encuentros: ponerse al día, vernos las caras, comentar la actualidad social, cultureta, política y deportiva de la ciudad y del país en general. Esperemos que las buenas intenciones cristalicen en realidad mensual. 

                                Yo creo que el miércoles también salí, pero si os soy sincero no recuerdo muy bien por dónde paré... el jueves teníamos recital de poesía erótica en la FNAC. Ángel Gracia me propuso montar algo para el 14 de Febrero y allí que nos lanzamos con el firme propósito de realizar la mejor Orgía de San Valentín que nunca se hubiera visto en la sagrada Zeta; para ello convocó a las mejores escritoras que conocía- y también a David Remolinos, que yo sabía que tenía chispa y buen hacer con los asuntos de la carne- y nos plantamos en el foro de la FNAC armados de versos y faldas cortas- yo también llevé mis clásicas mixtapes con una selección de canciones carnales que repartí entre asistentes y participantes, No dejes de gritar tuvo muy buena acogida y aún me quedan unos cuantos por regalar-. Mucha gente, todo el sitio lleno, miras de complicidad y deseos por una vez no ocultos. Entre el público Manuel Forega, Alex Mister Hyde, Helena de la Caja de los Hilos, Santi Rex, Patricia Estevan, Reyes Guillén y Josema Fanzine entre otros –amén de la parroquia 3lemon al completo que siempre se agradece- y en la sillas Charo de la Varga, Isabel Izquierdo, David Giménez, Carmen Ruiz Fleta, Clara Santafé y Ana Muñoz, cada uno con sus cosas, cada uno exquisito a su manera, expuestos todos en sus vicios y sus placeres con voces airadas o susurrantes según el poema exigiera. No entro en más detalles porque para eso están los análisis de los que vinieron y escucharon que al fin y al cabo el asunto lo siento yo como propio y voy a dar una visión distorsionado de lo acontecido. Luego, más o menos desperdigados, fuimos apareciendo por Bodegas Almau en busca de viandas y buen vino tinto. Allí también acudieron los que estaban en la presentación de los premios de la Delegación de Gobierno, que se entregaban en Cajalón, y que había contado con el primer premio de Jesús Soria y con un accésit para el señor Nacho Tajahuerce, miembro de la generación del 22 y aliado de esta columna. Aparecieron Miguel Ángel Ortiz Albero e Ingrid-lo sé, Miguel Ángel, lo sé, ya me pasarás el apellido-, Miguel Serrano, Jesús Jiménez-que practicó la dislocación e hizo doblete en ambos acontecimientos- y por supuesto los ganadores-homenajeados del día. Fue una noche divertida, risas y fermentados, incluso algún destilado en nuestra posterior incursión en el Bonanza.  

                El viernes parecía prometer una noche tranquila y más con la prudencia que reclamaba el sábado siguiente, pero, y por una vez aún sabiendo que lo normal es que se repita, no fue así: me llamo Beatriz Pitarch para cubrir el concierto de Steve Earle-y esposa- en la sala Oasis. Pues allí que fuimos-me llevé a María Caníbal del fotógrafa, que ya va aprendiendo poco a poco el noble arte de la captura de instantáneas rockeras- no sin antes adquirir España de Manuel Vilas, sólo un día después de su presencia en las tiendas-eso es devoción como dice Ángel Gracia- y tomar unos vinos en el Bacharach en compañía de Agus de la Casa Magnética. En la Oasis todo bien-sin problemas en la entrada-, nos encontramos a Chema Fernández de los Antípodas-que producían el concierto, otra razón llevarle un viejo número de Confesiones de Margot a Jose Lapuente, uno en el que salía una entrevista a Dos Lunas cuando parecía que nada iba a impedir la salida de su segundo disco, uno de los grandes LP´s malditos de esta ciudad, junto al castellano de los StereAnt, ¿eh, Jaime?- hablando en inglés con el de merchandising, una visión cuando menos curiosa. Llegamos a la telonera, la mujer de Steve Earle, rubia, muy rubia, defendiendo el repertorio a base de guitarra acústica y voz. No estaba mal, el problema es que el espectáculo resultaba demasiado áspero para paladares poco habituados. No estaba mal de público, más de lo que yo hubiera esperado por el precio y el nombre escasamente mediático del intérprete-aunque luego, hablando con gente que conoce el negocio me comentaron que no había tenido el recibimiento que se merecía tras varias visitas creando público entre la gente de Zaragoza, siempre plaza complicada-, Steve Earle, el duque, el hombre que silba esperando, que gruñe las miserias del mundo y te muestra los caminos para huir de ellas, con todas tus desesperanzas encima. Estuvimos charlando un rato con el maestro Jorge Reverendo, que me contó cosas interesantes sobre drobos y afinación de armónicas y estuvo tan amable y dicharachero como siempre. Nos fuimos cuando entonó Jerico Road, mi tema favorito del último disco. Era una buena despedida.

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